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Reiki para la ansiedad y estrés

Reiki para la ansiedad y estrés

Sabías que Reiki es un tratamiento de primer orden para tratar el estrés? Si ya has recibido una sesión de Reiki seguro que lo sabes, porque ya has experimentado la sensación de relajación de tu cuerpo y de tu mente tras una sesión. Para los que aún no hayáis probado Reiki, vamos a profundizar un poco en este tema y en cómo actúa esta terapia sobre el exceso de estrés.

El estrés es un mecanismo para la supervivencia, una respuesta natural de nuestro cuerpo para afrontar el peligro. Cuando se produce alguna situación que consideramos amenazante, el organismo reacciona desactivando algunas tareas y activando otras y liberando en el torrente sanguíneo una gran cantidad de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esto genera un estado de alerta máxima: los músculos se tensan preparándose para la huida o para la lucha y la atención se focaliza al máximo sobre lo que está sucediendo.

Realmente, qué buen mecanismo si te encuentras perdido en la selva y aparece un león de repente; el problema surge cuando el estrés se instaura en nuestras vidas ante ciertas situaciones en las que el peligro no es real, aunque nuestra mente lo perciba así. Son situaciones que por alguna razón nos intimidan y nos hacen sentir vulnerables, experimentando una sensación de pérdida de control que activa la respuesta del estrés.

Otras veces, el estrés se da porque no somos capaces de establecer límites y nos sobrecargamos de trabajo, actividades, compromisos… Sea cual sea la causa, cuando esta respuesta natural se da en exceso nuestra vida cotidiana puede convertirse en una pesadilla:

A nivel mental y emocional, empezamos a percibir la realidad como algo realmente hostil y nos sentimos incapaces de hacerle frente.
A nivel físico, se produce una sobrecarga de tensión que repercute en nuestro organismo y puede provocar la aparición de anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento de nuestro cuerpo: cambios en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y los niveles de azúcar en la sangre, alteración de la secreción de los jugos gástricos, trastornos en el sistema inmunológico… Cuando el estrés se convierte en algo crónico pueden surgir enfermedades cardíacas, diabetes, pérdida de concentración y de memoria, insomnio, nerviosismo o trastornos de ansiedad.
El estrés es, pues, el origen de muchas de las enfermedades actuales y solo liberándonos del estrés podremos retornar a un estado de salud. Muchas personas creen que basta cambiar las circunstancias exteriores para que el estrés desaparezca. Pero en una gran mayoría de los casos el problema no se resolverá de esta forma y lo vamos a comprobar cuando las situaciones cambien y, sin embargo, sigamos reaccionando de la misma manera. Es, más bien, cuando transformamos el modo en que percibimos las cosas cuando las cosas cambian.

Para ello es necesario un proceso de apertura y es, en este sentido, que Reiki nos puede ayudar, porque es una terapia energética que corrige los desequilibrios en todos los ámbitos de la persona, creando un estado de no tensión desde el cual es posible comprender y gestionar mejor nuestras emociones y propiciar una apertura mental que va a transformar nuestra percepción de la realidad.

La aplicación de Reiki ofrece los siguientes beneficios:

A corto plazo: alivia los síntomas psicológicos (nerviosismo, ansiedad, depresión) y físicos (tensión muscular, migrañas, mareos) que acompañan al estrés.A medio plazo: eleva el nivel vibratorio

del cuerpo de energía, haciendo que el organismo tenga más poder de sanarse a sí mismo. A nivel mental, la persona se va liberando de los límites que le están condicionando a la hora de percibir la realidad. Esto genera un cambio de actitud y de respuesta frente a las situaciones que generaban el estrés.
A largo plazo: Reiki trabaja clarificando las causas que han dado lugar al exceso de estrés, haciendo que la persona las comprenda, las acepte y pueda transmutarlas.

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Comienzo trabajando la cabeza mediante distintas posiciones de manos. En estas posiciones se trabajan principalmente las glándulas pineal y pituitaria. La primera es la responsable de aislarnos de los procesos mentales conscientes. Esto ayuda al paciente a entrar en un estado de relajación favoreciendo el flujo de la energía por su cuerpo.

Cómo es una sesión de Sanación

La glándula pineal está conectada al sistema neuroendocrino-hormonal y nervioso, y emite la melatonina. Esta es la hormona encargada de regular los procesos del sueño. También favorece el desarrollo de nuestras defensas naturales al estar íntimamente ligada a nuestro sistema inmunitario.
La glándula pituitaria segrega la hormona del crecimiento, siendo por tanto la responsable de la multiplicación celular. De ella depende en gran medida nuestra vitalidad. Por lo tanto trabajarla durante la sesión de sanación aumenta la energía del paciente.
Seguidamente trabajo en la garganta para estimular la glándula tiroides que produce distintas hormonas responsables del crecimiento y el desarrollo. Éstas regulan el metabolismo corporal y la función de los órganos. Entre sus funciones están regular la frecuencia cardíaca, el nivel de colesterol, el peso corporal, el nivel de energía, la fuerza muscular, las condiciones de la piel, la regularidad menstrual, el tracto gastrointestinal, la memoria…
Pasamos a la zona del corazón. Aquí lo que se trabaja fundamentalmente son las emociones y los sentimientos. Todo aquello que nos afecta en nuestra vida. Tales pueden ser el amor, el miedo, la rabia, la tristeza… Es aquí donde residen aquellas emociones que son el origen de nuestros problemas. Por ello es muy importante trabajar esta zona y liberar todo aquello que nos aflige. Hay personas a las que al trabajar esta zona, les afloran estas emociones y consiguen a través del llanto, de hablar sobre ellas… liberar gran parte de la carga que llevan.
Lo siguiente a trabajar son la zona alta y baja abdominal. Aquí fluye la energía inundando los órganos cercanos (estómago, aparato intestinal, hígado, páncreas, bazo, útero…). Esta zona es el centro de la energía de nuestro cuerpo, por lo que es fundamental equilibrarla durante el tratamiento.
Continuamos en la zona del perineo (se trabaja sin contacto físico), las rodillas (reservorio de energía) y tobillos.
Las personas que no tengan imposibilidad, se tumban boca abajo para trabajar la zona posterior. Empezamos en la zona cervical para ir bajando por la espalda. Es importante el trabajo sobre las glándulas suprarrenales donde se almacena la energía que distribuyen por todo el cuerpo. Seguimos pasando por las caderas, corvas y terminamos en las plantas de los pies.
El tratamiento expuesto no es estricto. Las posiciones varían en función de las dolencias del paciente, pudiendo incidir más en unas que en otras. Incluso se pueden trabajar otras posiciones de manos específicas.
He incidido en la parte física del cuerpo, pero es más importante cómo actúa la energía sobre nuestro cuerpo etérico. Es en éste donde se originan nuestros problemas y con el paso del tiempo acaban reflejándose en el cuerpo físico. Éstos se manifiestan en forma de enfermedades o dolencias de distinto tipo. Por ello el tratamiento actúa desbloqueando las zonas del cuerpo etérico en las que la energía no fluye con normalidad para equilibrar todo nuestro sistema energético incidiendo después en la parte física.
Una vez terminada la sesión de sanación, comentamos las sensaciones que ambos hemos tenido durante ella y cómo el paciente debe actuar tras la misma para que todo lo que se le ha movido le ayude a sanar sus dolencias.
Suelo recomendar realizar 3 sesiones durante las primeras 3 semanas para equilibrar las energías. Esto depende de cómo se encuentre el paciente y de cómo experimente los cambios que se producen tras las sesiones.

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